sábado 21 de noviembre de 2009

Pues haz como yo...

A muchas mujeres que trabajan
y se quejan todos los dias...



Yo te saludo,
desde mi asfalto
digo "hola" desde un verso
digo "mola" mi universo.

Tu me sonries,
ensimismada
mientras envidias mi suerte
mientras me ves acalorada

Yo te comprendo,
pasé por eso
y no fué fácil el duelo
y siempre estuve en el suelo

Arrastras los zapatos
desde la inseguridad vital
del que siente que no anda
y que no sabe volar

Haces surcos en el suelo
con puntas de tus pestañas
y no vuelves la cabeza
por si tropiezas y estallas

Y ya no miras,
nunca al cielo
ni te estremeces,
cuando te digo que te quiero

Sólo vegetas en tu estandarte
sólo parece que me escuchas
pero no sabes pararte.

Te quejas de tu vida
desde tu niñez mortal
del que calla cuando mandan
y que se olvidó de hablar

Te haces cruces en el pecho
cuando escuchas tu demonio
y no sabes que tu vives
de un inmenso mar de odio.

Por qué te quejas
todos los dias...
mientras deshilas con paciencia
toda tu monotonía.

Por qué le aguantas
sola en tu casa...
Mientras él se desarrolla
tu agonizas y él pasa...

Deja de hablar
de tu visa y compras
no ves que solo es excusa?:
Tienes la verdad reclusa

Deja de ver
siempre Gran Hermano..
y de soñar que te quieren
cuando no te dan la mano

Dices que estudiaste
para ser profesional
para ejercer tus derechos
en toda plena igualdad.


Pero ahora te marchitas
en reducción de jornada,
niños, compras, el dentista
y cara de abandonada

Sobrevives al engaño
 de niñita bien mirada
el te quiere,
el te ama,

el mantiene hasta a la criada...

Cuando le dices
que  estás harta...
te responde que qué quieres
si no eres una santa...

......una santa....

Y tú suspiras
para que te haga caso
y que a los niños les diga
que su padre está a un paso.
Pero te engañas y te cabreas
porque a ti no te enseñaron
a tragar con el sistema

Así es la vida,
así es tu matrimonio.
Toma pastillas y en breve
te meterá en un manicomio

Haz como yo,
y te crucificarán
Haz como yo,
y siempre te juzgarán
Haz como yo,
y no dependas de nadie
Haz como yo,
y deja correr el aire


Rompe ya el huevo
de tus emociones
y grita al mundo sexista
que estás hasta los cojones!
de que ellos manden
hasta en tu taza
mientras tu curras y curras
y toda tu vida pasa.

Y no te creas
que tú estás sola
ya muchas antes lo hicieron
y esta vida si que mola.

Si no te atreves,
yo te comprendo
Pero asume y no me llores
mientras te regala flores
.....................................y sueñas con sus amores.


MER


http://www.youtube.com/watch?v=VnO_2HrC6vQ

viernes 30 de octubre de 2009

GARRAS

Envuelto en lóbrega melancolía encoge los hombros e introduce las manos en los bolsillos traseros del jeans. Abstraído en sus pensamientos contempla sin interés el turbulento entrechocar de las copas de los árboles sacudidas por el viento. Las ramas van y vienen, se retuercen, se enfrentan golpeándose con la fuerza del vendaval. Los troncos rotos y las pequeñas ramas estragadas por el viento se confunden con las hojas en remolino caótico sobre el césped decadente.
Toma el pestillo de la ventana con ambas manos y reclina la cabeza sobre los brazos. Llora con espasmos asordinados de la laringe, suspiros roncos y acongojados de un hombre inconsolable. Un árbol colmado de corchetes rosados, como una primavera distraída, suaviza los primeros arrebatos del invierno inminente. Densos nubarrones cubren el cielo, las escasas grietas azules van desapareciendo al mismo tiempo que el sol abandona la puja. El paisaje se vuelve gris de sombra.
La lluvia sesgada golpea con fuerza sobre los vidrios y el antepecho de la ventana. Una señora que pasa trata de ajustar su paraguas transformado en una ruinosa copa de champagne.La esposa se acerca por detrás y lo abraza cruzando los dedos sobre el abdomen del hombre. Éste se da vuelta y la acaricia con dulzura. Ella apoya la cara en el amplio pecho y las lágrimas ruedan incontenibles.- Mi vida…tengo la comida pronta, la hice bien fuerte como a vos te gusta...además hace mucho frío.- Si…hace mucho frío y llueve mucho, pero discúlpame Celia… voy a salir. No tengo apetito y tengo que hacer algo.- Pero mi vida…con esta lluvia y este frío. No entiendo…- No te enojes Celia pero tengo que salir por un rato.- No regreses muy tarde. No puedo quedarme sola mucho tiempo. - Celia, acuéstate y toma un tranquilizante. Vuelvo en un par de horas; sólo un par de horas.El se retira hasta uno de los aposentos, se calza un abrigo pesado y con una prenda grande que saca de otro mueble hace un paquete.Ajustándose el sombrero chorreante espera pacientemente el ómnibus. Consulta al chofer previo abordar el colectivo quien le confirma que habrá de conducirlo donde desea. Un muchacho se sienta a su lado y lo roza con una mochila sobrecargada; se da cuenta de la molestia y le pide disculpas.
- No pasa nada muchacho, me sorprendiste sólo eso. El aludido no contesta y se coloca los auriculares gozando al poco rato de su música moviendo la cabeza absurdamente. Las palmas sobre las rodillas completan el éxtasis.Se baja en la parada convenida con el chofer e inicia el recorrido, calado por el frío y el agua. Camina con lentitud asustado de pronto ante la perspectiva de una alucinación. La extensa pared ha sido grafitada con consignas políticas y dibujos incomprensibles. Queda pensativo ante uno de ellos que dice “Muerte chica, el amor”. Un vendedor de maní acaramelado recibe con sorpresa su primer cliente del día. “ Con esta lluvia hoy no vienen ni las viejas de las latitas. Dos paquetitos son…” Paga y se los guarda en el bolsillo del gabán. Se acentúa la sensación aquélla. Adquiere conciencia que está perdiendo el juicio pero aún así
continúa la marcha. Lo reciben dos grandes portones y un par de funcionarios comiendo bizcochos. Solloza contrayendo los músculos de la cara. Un rayo de furia se clava como una espina en los puños impotentes. Indescriptiblemente desconsolado mira el pequeño montículo con el extravío de quien se niega a la cruda realidad.
El pequeño retrato de la niña incrustado en una cruz de mármol le sonríe.
Se arrodilla en el barro; el aguacero prácticamente lo cubre como a una roca la rompiente del agua agitada. Desenvuelve el paquete que contiene un gran impermeable azul y lo coloca a todo lo largo del montón de tierra, aún con flores de cinco días a punto de marchitarse.
- ¿Tiene mucho frío mi pequeña?... Aguante todo lo que pueda ¿eh? Son pocos meses y después viene el calor otra vez ¿sabe? Con esto que le traje al menos la lluvia no la va a molestar. Mañana vuelvo para acompañarla por más tiempo y conversaremos de los deberes que la maestra mandó a sus compañeritos. Uno de ellos me dijo que le están enseñando las tablas y eso hay que aprenderlo muy pero muy bien. Yo todavía me las sé de memoria. Por ejemplo la del “cuatro”, preste atención: Cuatro por uno…cuatro; cuatro por dos…ocho; cuatro por tres…

sábado 24 de octubre de 2009

HERIDA ABIERTA

En el mismo momento que dirigía la mano hacia el manojo de llaves observó la punta de un sobre que asomaba por debajo de la puerta. Iba dirigido someramente a “Ernesto”, sin franqueo. Lo depositó provisoriamente sobre una mesita ratona.Con movimientos maniqueos se sirvió una moderada medida de whisky, prendió la portátil de pie, descolgó la robe del perchero, se quitó el saco y lo colgó del respaldar de una silla. Eligió una esquina del gran diván y cruzó las piernas intrigado. Lo acercó a la cara e inmediatamente reconoció el perfume. UnA nota manuscrita plegada en cuatro partes acompañaba la invitación para presenciar una ceremonia religiosa.
Leyó primeramente la invitación de fino diseño, cerró los ojos y escanció un trago largo.
No le sorprendía, tarde o temprano tenía que ocurrir ; la cosa era con un tal Raúl, dato banal. Hacía mucho que no tenía noticias de ella. Hizo todo lo posible para que esa mujer inverosímil se le escurriese como agua entre los dedos. Dedos torpes de un imberbe caprichoso y malcriado.
La remitente había sido su amante durante un tiempo muy satisfactorio, con la cual aprendió lo que significa el amor de pareja intercambiando fierezas y delirio. También tuvo oportunidad de reconocer, entre tantas mujeres que pasaron por su vida, lo que comúnmente se da por llamar una “dama”, recurso retórico levemente pacato pero que define una mujer con atributos naturales o desarrollados a expensas de una educación refinada que la distinguen normalmente del común. Un ser en definitiva, espiritualmente capaz de socializar a un individuo sin descender a la adoración banal.
Se alejaba definitivamente la única mujer que lo conmovió. Nunca pudo saber si eso fue amor o un nuevo capricho, lo cierto es que se prendió fuerte a sus pensamientos. Le cerró todas las puertas y como un niño que juega con un insecto y al cabo, ya cansado de darle mil vueltas lo aplasta con inocencia bajo su piececito. Trabajaba de enfermera profesional en un sanatorio de alienados. Simple, directa; sin una queja acerca del infierno diario que le proporcionaba el sustento, aguantó la presencia y el amor inmaduro de un individuo con antecedentes penales, sujeto a códigos incomprensibles para la buena gente. El convicto liberado es un animal desatado que ha perdido los sentidos y fortalecido el instinto predador. La sociedad de un modo u otro se lo exige y él individuo que ha pasado por la humillación carcelaria lo sabe bien. De otro modo la bala que alguien ha puesto en el cargador dirigida a él llegaría a destino.Se conocieron en oportunidad de un traslado del Correccional al hospital, afectado por una sobredosis. Quedó imantada por esa figura febril e inquieta, con rasgos cortados a pico que la miraba desde un abismo.Cuando salió se juntaron…y a vivir.
Abrigaba el vago convencimiento de hacer de él la imagen de su padre .
Pese a vivir la obsesión y la angustia provocadas por las calamidades de la reclusión pronto recuperó las fuerzas perdidas a virtud de los cuidados que le dispensaba sin abrumarlo. Consiguió trabajo de baja renta y pese a la implacable peste de los “antecedentes” que lo conducían de un momento a otro como sospechoso ante la policía, mantuvo un intermedio de quietud y vida hogareña más o menos plácido y prolongado. Ocasionalmente, mientras ella dormía, por pura vanidad propendía a sacar las piernas por fuera de las sábanas, elevarlas unos centímetros y admirar la perfección de la musculatura adaptada al ejercicio “exigente”. Correr desaforadamente saltando obstáculos, jugarse al todo o nada. En esos momentos era cuando extrañaba la adrenalina que le proporcionaba el “fierro”. No podía pensar en el mañana. Hoy soy yo - reflexionaba- y auguraba con regocijo pueril, una juventud inextinguible que daría vía libre a la compulsión de concretar inicuos proyectos que le rondaban la cabeza. Cierto día un sujeto, compañero celda, lo citó para verse en un café. Con las defensas bajas y el cuerpo atlético resplandeciente, arregló el “fato” no sin discutir por largas jornadas algunos detalles que lo preocupaban. El “golpe”, que el otro le proponía como un regalo del cielo, con moñita y todo, no era cosa menor.
A decir verdad el trabajo callejero lo tenía desmoralizado. Horas y horas a la intemperie ganando apenas para pagar la nafta del Chevro y el departamentito que habían alquilado. Su amante, ausente y feliz en su mundo de sencillez, juntaba en una cuenta bancaria con opaco optimismo, los pesos necesarios para arreglar algunas cosas o cumplir obligaciones imprevistas. Vivía con la idea fija de ser madre. Tener un hijo era la única obsesión que se permitía: Un hijo con su único hombre.
Alegraba la cama de la alcoba con una muñeca; sutil referencia percibida no más allá de un delirio infantil por su compañero. Al final se convenció del asunto y no pudo con “chorro” que llevaba marcado en la frente como una cruz. El objetivo, una estación de venta de combustibles muy concurrida.
Todo en orden, todo estudiado: El personal de seguridad, el horario de llegada y salida del camión con la remesa de dinero, los movimientos del personal, pero con un par de colegios en las cercanías y un tráfico denso por la avenida que daba al frente del establecimiento. Para un “profesional” la vida inocente vale.Finalmente, por razones circunstanciales de mal manejo y una señora con un perrito que azorada y a los gritos da la alarma a un policía de particular que andaba por ahí, resultó un fracaso estruendoso. Le dieron la “mínima” porque cuando el compinche pretendió rematar al indefenso guardia de seguridad, se interpuso entre ellos y recibió en el muslo la bala destinada al pobre individuo. Haberle salvado la vida fue un atenuante manejado con gran pericia por su defensor.Cuando quedó libre, un golpe de suerte lo acercó a una solterona desvaída que necesitaba apoyar en un flanco musculoso y con nieve en las sienes sus cajoneras repletas de “mosca fuerte”. Se convirtió en mantenido y…lo demás es lo de menos. Asió el papel perfumado y lo desdobló. “Nada ha cambiado excepto el paso del tiempo sobre mi corazón que guarda tu recuerdo y… un bultito en una de mis mamas. Es un hombre bueno y trabajador que me colma de atenciones y sabe lo que le reservo. Sólo te pido que te acerques lo necesario para que nos miremos por última vez”.Embargado de extrema melancolía guarda el papel y la invitación en un bolsillo, juega por unos momentos con la caja de cerillas haciéndola girar entre los dedos. Se levanta lentamente, guarda los lentes en el bolsillo superior de la robe.
Se acerca a la ventana empañada, limpia con la palma un amplio espacio por donde se introduce al reflejo lechoso de las luces del aparcamiento. A intervalos el viento silba por los resquicios de alguna abertura a medio cerrar. Prende un cigarrillo con una cerilla que apaga con leve soplido, no obstante mantener por unos instantes el cabo apagado entre los dedos. Mira hacia aquellas luces suspendido en el tiempo, como descreyendo de “su” realidad.
Agita por unos instantes los cabellos grises como tratando de despertar de un sueño, echa una larga bocanada y siente que algo mojado resbala por sus mejillas.Una chica abrigada como para ir al polo es arrastrada por un perro enorme que apenas puede sujetar con la correa. Un auto se detiene por ahí cerca, baja una mujer cerrando la puerta delantera con furia. Se aleja taconeando, tomada del asa de una cartera enorme que lleva colgada. Su silueta milonguera se pierde al doblar la esquina. Una voz femenina, desde otra habitación, lo saca del intenso sopor.- Cielito ¿llegaste?…Se enfrió el ambiente, el sistema debe andar mal nuevamente ¿no te fijás? Todavía están por arreglarlo estos tipos de la inmobiliaria. ¡Qué descarados¡ - Si…ya voy Clarisa. Ya voy.
- Cualquier cosa…me calentás un porroncito de agua ¿eh, mi viejito lindo?
- Si, Clarisa…si…

lunes 12 de octubre de 2009

Galería de fotos pintor vicente gimeno - Foto 13 de 14 de pintorgimeno2 - Fotos MySpace

Galería de fotos pintor vicente gimeno - Foto 13 de 14 de pintorgimeno2 - Fotos MySpace

Shared via AddThis

La viña del Señor

Envuelta en el silencio del aposento, sólo interrumpido por el roce del lomo de las ratas sobre el maderamen del piso, se detiene absorta ante el gran espejo de la puerta central del viejo ropero de tres cuerpos. La luz crepuscular reproduce con detalles menos matizados la deprimente imagen de la mujer, la que ningún hada prodigiosa se dignó jamás embellecer. Aún conserva el pañuelo gris que le cubre la cabeza atado al mentón, estilo campesino.
La pañoleta de gruesa lana, el largo saco de varios botones grises, el escapulario y la falda azul que casi roza las botas de grueso cuero crudo se asemejan a tallos estrafalarios sin encarnadura visible excepto la cara demacrada y el rictus vil y misterioso de los labios.
“Como hace dos días, dos años, dos siglos…”,piensa. Encuentra la espalda mucho más encorvada que de costumbre o así le parece cada vez que se la ofrece a su imagen. El viejo delantal de dos bolsillos y los brazos tiesos sobre el cuerpo le aportan un toque de reservada dignidad, inescrutablemente proyectada en la mirada helada y azul. Había nacido en Córcega y la dura vida de huérfana precoz, solterona y solitaria la trajo a este lejano lugar para servir y sobrevivir.
Aquí gastó la juventud y el aliento. No era más que una sierva dócil con horarios agobiantes y salidas concisas. Algo más que un mueble que a lo sumo podía concurrir a la iglesia cercana por un par de horas y poca cosa más.
La vivienda consistía en una vieja construcción maciza de dos pisos, cruzada por pesadas vigas de hierro expuestas al exterior en las puntas. Pequeñas ventanas en el piso superior e inferior le daban el aspecto de una fortaleza minúscula, o un lugar de reclusión dotado de todos los requisitos para la práctica de la meditación profunda. La rodeaba por completo una alta muralla de ladrillos. El tiempo había hecho su obra pertinaz en la estrecha zona arbolada, rodeada de zarzas y arbustos descontroladamente envolventes del perímetro; pero en lo que a ella refería, el eterno se aplicó a su tarea destructora con entusiasmo de artífice.
Cerró por un momento los ojos y apretó los puños.
Se fue despojando lentamente de la ropa sin dejar de observar su imagen en el espejo. Volvió a apenarse de si misma constatando una vez más el pelo raleado casi blanco, deshilachado en las puntas.
Una vida sin razón de ser.
Sólo Dios conocía los motivos que tuvo para decretar su existencia. Concurría a la iglesia con asiduidad con la esperanza de que Él se comunicara con ella, al menos por un momento breve y le explicara por qué la trajo al mundo. Qué motivos moverían al Supremo para solazarse en verla sufrir tanto; por qué la cargó con esa pesada cruz. ¿A santo de qué?
Arrodillada sobre el reclinatorio esperó siempre e inútilmente la respuesta.
Se acostó finalmente. La espalda le dolía demasiado pero acomodó el cuerpo de modo tal que las puntadas poco a poco decreciesen. Bebió la tizana acostumbrada y apagó la pequeña luz que alumbraba un retrato juvenil y el rosario de cuentas que llevaba a misa.
Vivía sola desde hacía algunos años. El sustento se lo proporcionaban los hijos del matrimonio al cual sirvió, ambos fallecidos; ella de un aneurisma fatal y él en circunstancias aclaradas someramente. Era imposible encontrar un comprador dispuesto a gastar una fortuna en el arreglo más o menos decoroso de esa casa signada por la desgracia e invadida por las alimañas. En sus últimos años de vida oficiaría de perro guardián.
Tamborileo sobre la frazada como ejecutando una partitura a dos dedos. Se había decidido y ya no daría marcha atrás. Las decisiones de los corsos jamás dan marcha atrás.
Abandonó la casa al promediar la mañana. Debió transitar entre caminos serpenteantes, húmedos y resbalosos a cuyos lados se levantaban residencias seculares, albergues muy modestos y comercios pequeños de variada índole. Una fronda espesa abandonada a su suerte proporcionaba la sombra benigna en épocas de fuerte canícula. En suma un pueblo rural sin destino ni sobresaltos.
Sobre la cumbre de una pequeña loma algo alejada, se divisaba la iglesia, lugar reservado para prácticas sociales modestas y celebraciones litúrgicas rigurosas. Quien no observase los sacramentos y los ritos eclesiásticos podía considerarse un muerto en vida.
- Hola Florencia – se adelanta el cura párroco extendiendo sus brazos, con pasos ágiles y una amplia sonrisa de hombre maduro y comprensivo- ¿Qué haces por acá a estas horas?
- Discúlpeme Monseñor…No quisiera…
- Ya te he dicho que no soy Monseñor y tengo todo el tiempo del mundo para ti. Ven sentémonos al borde la glorieta.
Apoya el bastón con dificultad. Él la toma de un brazo y la ayuda a subir la pequeña cuesta.
- Vaya que me cuesta caminar…los años.
- Yo la veo muy bien y creo que tiene cuerda para rato.
- Mi amado Monse…digo Padre: Mi cuerda se acabará esta noche. Ya lo he decidido y no hay fuerza en esta tierra que me lo impida.
- Pe…pero que dices insensata. ¿A que te refieres?
- Dejemos los detalles que sólo a mi incumben. Vengo por otra cosa.
- Tú dirás, pero me dejas preocupa…
- No es mi intención preocuparlo. Vengo a verlo únicamente para confesarle algunas cosas que inútilmente se irían conmigo.
- Bien, lo que tu digas. Luego hablaremos de eso.
- No lo creo. Usted no me conoce en absoluto. Ya he tomado una decisión y eso es sagrado para un corso, como su palabra y manejar el cuchillo.
- Bien…te escucho hija mía.
- Es muy simple de explicar. Yo he asesinado al esposo de mi ama y al que luego de algún tiempo la pretendiera. Ambos crímenes no pesan sobre mi conciencia pero quiero ir limpia al cielo pues le quiero preguntar a Dios, antes que me mande al infierno, por qué me ha dado la vida que he vivido. Le preguntaré sólo eso y luego que Él disponga.
- La muerte de Mr. Stevenson se debió a una ingesta indebida de hongos tengo entendido. Recogió personalmente uno que resultó venenoso y murió. Acerca de eso nunca hubo duda alguna. El caso está cerrado, no sé que parte de esa muerte te atribuyes.
- Yo coloqué subrepticiamente uno, venenoso y letal, entre los que iba a ingerir ese día. Una de las recetas que acostumbraba elaborar personalmente, en base a una variedad de esos horribles engendros de la tierra me lo permitió. Desde niños a los corsos nos enseñan, antes que escribir, a conocer todo lo que tenga que ver con la muerte. Propia y ajena. Él era gran conocedor de todas las variedades, jamás habría cometido tamaño error.
- Y…respecto al pretendiente de Mrs.Stevenson, un tal Mr.Brown, Fiscal de Distrito, creo. ¿También tú lo…?
- Efectivamente. Nunca lo encontraron. Con las fuerzas que hoy me faltan pude urdir un plan casi perfecto para degollarlo sin que sufriera y sé por supuesto donde están sus restos. Tengo una prueba elocuente para demostrar mis dichos. Si usted me lo permite se la mostraré.
Hurga en un pequeño bolso que cuelga del brazo. Extrae un frasco envuelto en papel.
- ¡¡OH¡¡…¡Válgame Dios¡¿Qué es eso que estoy viendo y que se niegan aceptar mis ojos?
- Este es un dedo que he guardado dentro de una combinación química todos estos años. Los anillos prueban concluye e irrefutablemente a quien corresponde este dedo. Le entrego a usted también el plano para que la policía encuentre lo que quede de él.
- Pero dime insensata.¿Cómo es posible que hayas hecho todo esto? ¿Qué móvil puedes aducir para que dada una eventualidad muy remota pueda absolverte de tus crímenes?
- Querido Monse…digo Padre, perdone usted…
- Vamos, ¡Dime tus razones de una vez, sin prolegómenos¡.
- Mrs. Stevenson hizo arder mi sangre desde que la conocí. La amé en silencio y por las noches durante todo el tiempo que la serví me la imaginé desnuda junto a mi, en mi cama, ofreciéndome la dicha que mi equívoco instinto anhelaba. Todo lo demás no tiene importancia para usted.
Es Dios quien debe darme explicaciones. Sólo él.

sábado 10 de octubre de 2009

LA CALLE DE LAS LÁGRIMAS

La calle de las lágrimas no tiene lugar reservado para estacionar perdones; tampoco admite recuerdos o difamaciones abiertas de escote. Los árboles, sobre ambos lados de la pulcra acera han sido privados de vida transparente: ramas pálidas, troncos grises. La gangrena viene de la raíz y los restos que arrastra el viento arropan negligentemente los extremos exhaustos. No hay pájaros ni grillos.
Tampoco taconeos ágiles o piojos de la noche. La luz, difusa y sobria proviene de las almas que fueron caos.
Son infrecuentes o casi olvidados los aldabonazos impacientes, santo y seña del amante. ¿Quién contestaría?Apenas el señor cartero obtiene respuestas apagadas y breves de algún delirante o quien espera sin esperanzas. Las nubes, perpetuamente azules y alargadas como las venas de un muerto han pactado con el sol. Conoce el peligro de diluirse o apagarse en la calle de las lágrimas.Los barros y los adoquines registran pasos sombríos. En cada tardenoche peregrinan deseos inconfesos, solapados. Se visten de gracias prosaicas y chirimbolos de infelicidad.El tiempo se ha olvidado de lo eterno encerrado en los balcones centenarios. Desde sus balaustradas con puntas de acero, cuelgan hechizos de comedia y libros de tela deshilachada. Los espectros saludan desde carruajes lujosos a la niña cruzada de brazos que aguarda recostada en un dintel; el látigo restalla impiadoso sobre cuatro bestias de cadera partida, ajenas a las muecas solitarias de los serafines marmóreos que han quedado como testigos del último día.Le han ordenado: Espera los aguaceros que devolverán la vida al tiempo; entretanto cuida del lugar y mantén la lumbre encendida siempre.Un viento oscuro ruge en lontananza: Aprestaos los ilustres embusteros, los menesterosos a sueldo, los diletantes del mal: Os depositaré en esos lares y habréis de liberaros de mí con el compromiso de cuidar de la niña. Desheredados Reyes Magos le acercan sus ofrendas. El misterio no se explica. Dejan a sus pies tonos impropios. Al fin cuesta menos ser infeliz, le dicen para conformarla. Mantiene la inercia, se arregla un mechón.En la calle de las lágrimas flamea, sobre una escala de materia inútil, un pendón a franjas alternadas depalabras sin tiempo y formas de oráculos en los que nadie cree. Una papagallo tartajoso, revolotea entre los hilos de un títere manipulado por un viejo enclenque, de carnes pegadas al hueso quien repite incesantemente a quien no puede escucharlo, un chisme que hizo época en esa calle de perdición.
Dice el eterno, entre espumarajos y gotas de saliva, que alguien ahí, dicen que dijo alguna vez: “Amaos los unos a los otros”.

sábado 12 de septiembre de 2009

Somos uno




Somos uno.


Te siento en mí, siempre.
Y aún cuando no estás,
me recorres amorosamente
con tus manos, así, dulcemente…

De mis suspiros brota
dulce miel, que como un tul
nos envuelve

Y sintiendo tu aliento en mi nuca,
no puedo más que abrazarte,
nuevamente, para que no partas.
Ni me dejes con las ansias
de tenerte, ahora y siempre

Y sigo mis instintos,
y te tomo en ese instante.
Sintiendo todo tu cuerpo
que me atrapa convulsivamente.

Y muere por un momento
todo lo que nos rodea.
No existe el tiempo,
no existe nada.
Ni siquiera nosotros,
pues ya solo, somos uno






Septiembre 2009

Safe Creative #0909114440507